El financiamiento de las empresas es crucial para que puedan acceder a recursos e implementar proyectos que propicien su crecimiento económico y logro de metas estratégicas.
Hoy en día, las empresas pueden financiarse a través de diversas fuentes; entre las más comunes están los créditos bancarios y emisión de deuda (fuentes externas) y a través de sus propias utilidades (fuentes internas). Como fuentes más innovadoras están el financiamiento colectivo, el arrendamiento y el capital de riesgo o “venture capital”.
Este último implica que se proporcionan fondos a empresas jóvenes y con alto potencial de crecimiento, a cambio de una participación accionaria.
Sea cual sea la fuente, lo que no hay que perder de vista es que cada una de éstas tienen un costo y es vital cuantificarlo y considerarlo para saber, a partir de qué tasa, la inversión en proyectos productivos es rentable.
El reporte “Mipymes mexicanas: motor de nuestra economía”, emitido por el Gobierno de México (2024), publicó que existen 99.8% de Mipymes en el país (micro-95%, pequeñas -4% y medianas-0.8%); sin embargo, no hay estudios certeros que revelen cuántas de éstas conocen o determinan su costo de capital, sobre todo las pequeñas y medianas empresas que tienen entre 50 y 250 empleados y una operación comercial más grande.
En México, la principal fuente de financiamiento para el sector empresarial es la banca comercial (incluyendo préstamos y créditos bancarios). El financiamiento bancario representa aproximadamente el 85% del total de créditos otorgados (métricas.mx) y su principal función es cuidar y canalizar el dinero de ahorradores e inversionistas, a personas o empresas que solicitan préstamos para distintos fines (CNBV, 2025).
Un buen ejercicio para las Pymes es revisar los costos y productos que ofrecen las instituciones financieras autorizadas y supervisadas por Gobierno Federal y la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), respectivamente. Estos indicadores se publican a través de Banxico (banxico.org.mx) en su menú de servicios a través de “análisis de indicadores de crédito”.
Los diferentes tipos de crédito son: 1) tarjetas de crédito, 2) microcréditos, 3) crédito de nómina, 4) automotriz y 5) hipotecario, y pueden descargarse en Excel para la comparación, modelación y análisis particulares que la empresa necesite.
Las tasas de interés varían mucho, según el tipo de crédito; por ejemplo, para un microcrédito la tasa del sistema es del 44.29% mientras que para un crédito hipotecario es del 9.75%. Esto se debe, principalmente, al riesgo inherente, al plazo y al bien colateral o garantía que respalde al crédito que se otorgará.
Cabe señalar que la CNBV -a febrero del 2025- informó que existen 52 instituciones financieras de la banca múltiple y 11,805 sucursales a través de las cuales se ofrecen productos de inversión (captación para la banca) mediante depósitos de los clientes, otorgamiento de créditos, la intermediación financiera, la administración del sistema de pagos y ofreciendo instrumentos del mercado de valores.
De estas 52 instituciones, 22 son bancos catalogados como instituciones de importancia sistémica; lo que significa que estas instituciones deben mantener un suplemento adicional de conservación de capital, que se suma al 10.5% del Índice de Capitalización mínimo actualmente requerido.
Entre los bancos más relevantes que están sujetos a esta obligación se encuentran: HSBC México, Banco Scotiabank, Banco Nacional de México (Citibanamex), Banco Mercantil del Norte (Banorte), Banco Santander México y BBVA México.
A partir de los costos de financiamiento mediante crédito y del costo del capital propio, las empresas pueden estimar su Costo Promedio Ponderado de Capital, conocido como WACC (por sus siglas en inglés, Weighted Average Cost of Capital).
Este cálculo es común entre las empresas que cotizan en bolsa, las cuales suelen incluirlo en sus reportes financieros periódicos. Por ejemplo, el WACC promedio es de 8.89% en el sector de alimentos y bebidas, 6.6% en el sector petroquímico, 8.4% en telecomunicaciones, 10.46% en aeropuertos y 10.42% en el sector financiero.
Sin embargo, el reto se presenta en el caso de las pequeñas y medianas empresas privadas (PYMES), ya que muchas de ellas desconocen este indicador o no lo calculan de manera sistemática.
El costo de capital de una empresa corresponde al promedio ponderado de los costos asociados a cada una de sus fuentes de financiamiento, en función de su proporción dentro de la estructura de capital.
Este indicador también puede interpretarse como un costo de oportunidad, especialmente relevante para las pequeñas empresas, al reflejar el rendimiento mínimo que deben generar las inversiones para no disminuir valor.
Se trata de un elemento clave en la toma de decisiones financieras, ya que establece la tasa mínima aceptable de retorno. Entre sus aplicaciones más importantes se encuentran:
-Evaluación de la rentabilidad de proyectos de inversión.
-Reestructuración de deudas
-Valuación de empresas
-Gestión y control óptimo de la tesorería
Las empresas pueden estimar su costo de capital utilizando diversas metodologías, tomando en cuenta tanto el contexto económico local como el global para lograr un análisis más preciso.
El objetivo fundamental es minimizar este costo y optimizar los procesos relacionados con la obtención y el uso eficiente de los recursos financieros.
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